El sábado estuvimos tocando en La Gramola (Orihuela), uno de esos clubs de rock que mantienen el pulso romántico de las cosas frente a la ola de falsa inmediatez y mal gusto que nos invade. Lo pasamos en grande.
El dueño del local, el incombustible Jose Ballester, nos dijo que lamentablemente solo había una persona de Orihuela en la sala. Todos los demás vinieron de fuera: Murcia, Cartagena, Elda, Alcoy… También acudieron algunos ingleses.
Al final se juntó una buena panda, y por las caras que se veían, todos disfrutaron de lo lindo. Da pena que la gente del pueblo le dé la espalda a un tipo que se parte el pecho por hacer una programación de calidad. Pese a todo, más de tres décadas lleva ya en la brecha. Y las que le quedan.

Habíamos preparado un repertorio con nuestra cara más eléctrica, más country-soul. Creo que fue un acierto. Al menos lo fue para Paco Oncina, de Elda, otro miembro destacado del club de los rockeros románticos, quien llegó a regentar una tienda de discos durante 13 años. “No soy de halago fácil –escribió Oncina en las redes–. Anoche en La Gramola, los Bantastic Fand me emocionaron mucho. Dieron un concierto a la altura de sus canciones. Todos los amigos que fuimos desde Elda salieron encantados. En fin, un goce absoluto”.
Llenan mucho esas palabras, porque es verdad que Paco no regala loas. A él siempre lo encontramos en lugares elegidos: El Último Vals de Frías (Burgos), en 2016, y el año pasado, viendo al grandísimo Watermelon Slim en el Festival de Blues de Moratalaz. Nunca olvidaremos el día que nos lo encontramos en La Roda de Albacete y nos abonó un euro que tenía pendiente de la compra de uno de nuestros CDs. Nosotros ni nos acodábamos. Él sí. Para que el mundo girara como es debido harían falta muchos Pacos Oncina.
Gente que compra discos, que va a ver a las bandas en directo y no anda todo el día poniendo me gustas en Facebook desde el sofá de su casa. El amigo flipó con la idea de Fernando Rubio –pensada y ejecutada en plena actuación- de unir de forma natural nuestro Far From Home con el Serve Somebody de Dylan.

Al término del concierto, se produjo lo que ya raramente ocurre en las salas punteras de cualquier ciudad: el encuentro y la intercomunicación entre los músicos y la gente.
Ahora es normal que la sala largue a la calle a los músicos en cuanto acaban de tocar, porque todo debe quedar desalojado para el siguiente show. Es habitual alquilar las salas a tres o cuatro bandas al día. El mismo ritmo de producción de las fábricas. Ese concepto tan dañino de la macroeconomía, la productividad, aplicado al mundo artístico.
En La Gramola, no. Ni cobran al músico por tocar –práctica peligrosamente extendida, de manera que pareciera que solo los más ricos tienen derecho a darse el capricho- ni te echan del local nada más bajarte del escenario. Además, te dan varios tickets por músico para consumir, cosa que ya no ocurre en casi ningún lugar del planeta rock. Allí nos quedamos, departiendo con el personal. Y qué personal.

Cerveceando en la puerta de La Gramola, un fan veterano nos cuenta que se fue a ver Dylan con Tom Petty y los Heartbreakers a Francia cuando tenía 19 años.  “Ahora tengo 67 –precisa–, así que fíjate si ha llovido”. A Hard Rain’s A-Gonna Fall. Sí que ha llovido. Antes de retirarse, y a fin de poner a prueba nuestra dylanía, nos suelta un acertijo: “¿Qué canción compuso Dylan acerca de un hurto menor?” Salen a colación algunas canciones sobre crímenes e injusticias penitenciarias -The Lonesome Death of Hattie Carroll, Hurricane, George Jackson…- pero no damos con la clave. Él lanza otra pista: “Buscad entre los poemas 50 y 58 del primer libro del poeta Dylan Thomas”. Picado en su curiosidad, Pablo Vizcaíno, coletrista de la Fand, toma nota. Y Paco Del Cerro contraataca: “¿Sabes tú en qué película sale Dylan cantándole una canción a las gallinas?” Descolocado, el veterano dylaniano da por cerrada la velada y se retira a sus aposentos tambaleándose como el trono de la Macarena.

Al día siguiente, Pablo consigue el primer libro de Dylan Thomas y no puede buscar entre el 50 y el 58 porque el libro se llama Dieciocho Poemas. No sabemos si nuestro amigo habrá llegado ya a Corazones de Fuego, a fin de resolver el acertijo de Paco. Cuántas veces habremos visto esa película, la peor del mundo, y sin embargo un catálogo completo del Dylan más chaplinesco, una parte más esencial en Dylan que el propio Dylan Thomas, que al fin y al cabo solo le prestó el nombre. Y sí, es allí donde Bob le canta a las gallinas. Ya lo decía George Harrison: “Bob es muy chistoso… quiero decir que mucha gente se lo toma en serio y sin embargo, si conoces a Dylan, es todo un bufón”. En honor a tal precepto, noche divertida, auténtica y rockanrolera en La Gramola de Orihuela.

Nacho Para

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